Como todos los años, los alumnos de séptimo grado emprendieron su viaje de fin de ciclo hacia la montaña mendocina. Y este año, con una novedad: el viaje sumó un día más.
Fueron 43 chicos de 7° A y 7° B los que viajaron, acompañados por la señora Lorena García, la seño Aldana Hernández, la seño Lorena Haist, el profe Martín Malicia y nuestro capellán, el padre David. Durante los cuatro días se alojaron en el regimiento de Uspallata, desde donde salieron cada jornada a recorrer y conocer la zona.

Camino a la montaña
En el camino, el grupo hizo una parada junto al dique Potrerillos para caminar por la costa del lago, entre cerros y un cielo cargado de nubes. Fue la primera postal del viaje y, como no podía ser de otra manera, también la primera foto de todos juntos.


Cuatro días para descubrir
El itinerario combinó caminatas, naturaleza e historia. Los chicos subieron al Cerro de la Cruz y conocieron parte del centro de Uspallata. Al día siguiente visitaron el Cerro Tunduqueral, donde se conservan pinturas rupestres de los pueblos originarios. Y el último día emprendieron el camino hacia Puente del Inca y el mirador del Aconcagua, el techo de América.

La fe, compañera de viaje
Como en cada salida del Colegio, la fe también viajó con nosotros. Con el padre David, los chicos compartieron la Santa Misa y pusieron en manos de Dios cada día de esta experiencia.

Este viaje fue mucho más que un paseo: fue una oportunidad de convivir, de cuidarse unos a otros y de llevarse recuerdos que acompañarán a nuestros alumnos para siempre. Agradecemos a los docentes y al padre David por acompañarlos, y a las familias por la confianza.

¡Gracias, séptimo, por este viaje inolvidable!

